. Hermana, hazme llorar... : . Fuensanta: dame todas las lágrimas del mar, mis ojos están secos y yo sufro unas inmensas ganas de llorar.
Yo no sé si estoy triste por el alma de mis fieles difuntos porque nuestros mustios corazones nunca estarán juntos.
Hazme llorar, hermana, y la piedad cristiana de tu manto inconsútil enjúgueme los llantos con que llore el tiempo amargo de mi vida inútil.
Fuensanta: ¿tú conoces el mar? Dicen que es menos grande y menos hondo que el pesar.
Yo no sé ni por qué quiero llorar: será tal vez por el pesar que escondo tal vez por mi infinita sed de amar. Hermana: dame todas las lágrimas del mar... . (retirado, com a devida vénia, de "a media voz")
De "Meu Coração" :
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Maldito coração, que Deus te açoite!
De que valem os sóis que tenho n’alma
Se existe em mim a maldição da Noite?
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Trabalho :
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Minhas mãos cansadas gesticulam e meus músculos se contraem num esforço titânico.
O corpo curvado sobre as máquinas egoístas tem movimento de ritmo desigual e triste.
Há poesia de morte misturando-se ao barulho das volantes apressadas e impiedosas.
Os Senhores ricos passam esmagando em palavras rudes os obreiros humildes.
E eu trabalho e canso e entristeço e vacilo...
Mas Tamar vem de leve, envolve-me deliciosamente, beija-me nas faces, enxuga-me o suor da fronte com os seus cabelos de veludo, e me aponta a alvorada da Fraternidade e da Justiça ao sol rubro do Futuro.
Me gustaría nacer en todos los países, tener un pasaporte para todos que provoque el pánico de las cancillerías; ser cada pez en cada océano y cada perro en las calles del mundo. No quiero arrodillarme ante ídolo alguno ni hacer el papel de un ruso ortodoxo hippie, pero me gustaría hundirme en lo más hondo del Lago Baikal y salir resoplando en otras aguas, ¿por qué no en las del Mississippi? En mi maldito universo amado me gustaría ser una hierba humilde, nunca un Narciso delicado que se besa en el espejo. Me gustaría ser cualquiera de las criaturas de Dios, incluso la última hiena sarnosa, pero nunca un tirano, ni siquiera el gato de un tirano. Me gustaría reencarnar como hombre en cualquier imagen: víctima de una cárcel de tortura, un niño vagabundo en los tugurios de Hong Kong , un esqueleto viviente en Bangladesh, un pordiosero sagrado en el Tíbet, un negro de Ciudad del Cabo, pero nunca encarnar la imagen de Rambo. Sólo odio a los hipócritas, hienas sazonadas en espesa melaza. Me gustaría tenderme bajo el bisturí de todos los cirujanos del mundo, ser un tullido, un ciego, sufrir todo mal, toda deformidad y herida, ser un mutilado de guerra, o el que recoge las colillas del suelo, con tal de que no las penetre el infame microbio de la prepotencia. No quisiera formar parte de la élite, ni, por supuesto, del rebaño de cobardes, ni perro de manada, ni pastor servil al abrigo de su rebaño. Y quisiera ser feliz, pero no a costa de los infelices. Y quisiera ser libre, pero no a costa de los que no lo son. Quisiera amar a todas las mujeres del mundo, y ser también una mujer sólo una vez. .. La madre naturaleza ha menospreciado al hombre. ¿Por qué no lo hizo capaz de ser madre? Si se agitara un niño bajo su corazón, acaso el hombre sería menos cruel. Quisiera ser el pan de cada día, digamos, ser la taza de arroz de la sufriente madre vietnamita, el vino barato en las tabernas de los obreros napolitanos, o el tubito de queso en la órbita lunar. Que me coman que me beban, dejadme ser útil en la muerte. Quisiera pertenecer a todas las edades, atolondrar la historia y atontarla con mis travesuras. Quisiera llevarle a Nefertiti en una troika á Pushkin. Quisiera multiplicar cien veces el espacio de un instante para que al mismo tiempo pueda beber vodka con los pescadores siberianos, y junto a Homero, Dante, Shakespeare y Tolstoi sentarme a beber cualquier cosa, salvo, por supuesto, Coca-Cola. Y bailar al ritmo de los tam-tam en el Congo, estar en huelga en Renault, jugar a la pelota con los muchachos brasileños en la playa de Copacabana. Quisiera hablar todas las lenguas, como las aguas ocultas bajo la tierra, y hacer todo tipo de trabajo de una vez. Me aseguraría de que sólo fue poeta un Yevtushenko, el otro un clandestino en alguna parte, no puedo decir dónde por razones de seguridad. El tercero, un estudiante en Berkeley, y el cuarto un entusiasta huaso chileno. El quinto sería tal vez un maestro de niños esquimales en Alaska, el sexto un joven presidente en cualquier parte, modestamente digamos Sierra Leona, el séptimo podría entretenerse en la cuna con un sonajero, y el décimo, el centésimo, el millonésimo... Para mí, ser yo mismo no es bastante, ¡dejadme ser todo el mundo! Estaré en miles de ejemplares hasta mi último día para que la tierra vibre conmigo y las computadoras enloquezcan procesando mi censo universal. Quisiera combatir en todas tus barricadas, humanidad, y morir cada noche como una luna exhausta, y amanecer cada día como sol recién nacido con una suave mancha inmortal en la cabeza. Y cuando muera, un Francois Villon siberiano, que no descanse mi cuerpo ni en la tierra francesa, ni italiana, sino en la tierra rusa, amarga, en una colina verde, donde por vez primera me sentí todo el mundo.
Floriram por engano as rosas bravas
No Inverno: veio o vento desfolhá-las...
Em que cismas, meu bem? Porque me calas
As vozes com que há pouco me enganavas?
Castelos doidos! Tão cedo caístes!...
Onde vamos, alheio o pensamento,
De mãos dadas? Teus olhos, que um momento
Perscrutaram nos meus, como vão tristes!
E sobre nós cai nupcial a neve,
Surda, em triunfo, pétalas, de leve
Juncando o chão, na acrópole de gelos...
Em redor do teu vulto é como um véu!
Quem as esparze – quanta flor! – do céu,
Sobre nós dois, sobre os nossos cabelos?
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(Retirado, com a devida vénia, de "Poesias e Prosas")
A Cor da Tua Alma :Enquanto eu te beijo, o seu rumor nos dá a árvore, que se agita ao sol de ouro que o sol lhe dá ao fugir, fugaz tesouro da árvore que é a árvore de meu amor.
Não é fulgor, não é ardor, não é primor o que me dá de ti o que te adoro, com a luz que se afasta; é o ouro, o ouro, é o ouro feito sombra: a tua cor.
A cor de tua alma; pois teus olhos vão-se tornando nela, e à medida que o sol troca por seus rubros seus ouros, e tu te fazes pálida e fundida, sai o ouro feito tu de teus dois olhos que me são paz, fé, sol: a minha vida!
Juan Ramón Jiménez, in "Ríos que se Van" Tradução de José Bento(retirado, com a devida vénia, de "Citador")